Intimidante profesor

Como Ser o Melhor Professor do Quarto Ano. Dar aulas para uma turma do quarto ano pode ser uma tarefa intimidante. É neste ano que a maioria dos estudantes começa a fazer testes padronizados para avaliar a eficácia dos alunos. É um dos... Intimidate definition is - to make timid or fearful : frighten; especially : to compel or deter by or as if by threats. How to use intimidate in a sentence. Synonym Discussion of intimidate. Pode ser bastante intimidante quando você encontra professores seniores que estão por aí há anos e querem manter suas posições. Eu não estou dizendo que estou ameaçando eles, mas eu entrei em seu mundo, na área deles, então eu tive que aprender como lidar com isso, porque pode ser fácil recuar e me sentir com medo de mostrar o meu ... Presentarse en clase, ya seas estudiante o profesor, puede ser intimidante. Decidir qué y cómo compartirlo, superar la ansiedad, y presentarte como una persona interesante e interesada son los pasos a seguir que te ayudarán a presentarte con confianza, tanto en un salón físico como en un ambiente virtual. El manejo de las emociones, como todo ser humano, necesita una especial atención en el desempeño docente, pues no sólo interactúa como informante de ciencias o formante en valores, sino que sus expresiones reflejarán siempre ese estado interior, para lo cual se nos sugieren cinco habilidades y competencias que se deben adquirir y manejar. Éstas son 10 técnicas que usan los buenos profesores chilenos para enseñar matemáticas Un estudio de la U. de Chile detectó las estrategias de los docentes que logran tener éxito con los estudiantes, en una asignatura que para muchos puede resultar intimidante. Intimidate definition, to make timid; fill with fear. See more.

Un ladrón me agarró por el cuello desde la espalda

2020.07.24 03:12 RedGlobo Un ladrón me agarró por el cuello desde la espalda

Esta historia transcurrió en años prepandemia. Yo soy un chico promedio. No soy escuálido y aunque hacía barras en ese momento, no tenía una musculatura prominente. Iba saliendo de mi colegio con un grupo de 3 amigos de camino a una estación de transporte público. Que quedaba a unas 6 cuadras de mi escuela.
Mis amigos eran: J, que es un poco más alto que yo. S: Una montaña con piernas, con diferencia el más intimidante de todos aunque es alguien calmado. E: El más flacucho de todos.
Habiendo avanzado apenas una cuadra, J tiene el presentimiento de que dos sujetos detrás nuestro nos están siguiendo. Disimuladamente los distinguí: se veían un poco intimidantes y era de aproximadamente la misma edad que nosotros. Yo no me preocupé porque la hora de salida en mi escuela coincidía con la salida de otros 2 colegios de la zona y también con la jornada de los oficinistas. Siempre había un flujo de personas grande transitando la misma calle que nosotros a esa hora para ir a sus casas. Expresé precisamente eso pero con otras palabras. Los demás excepto J, estaban tan tranquilos como yo. Dió la casualidad de que tenía los zapatos desamarrados y le dije al grupo que me tardaría más de lo normal en amarrármelos para que los sujetos siguieran adelante. Ellos pasaron, yo terminé con lo mío: hablamos un momento para que hubiese más distancia entre ellos y nosotros hasta que finalmente continuamos.
En la esquina de la última cuadra, apoyados en un poste de luz, estaban los sujetos. J se alarmó otra vez, pero en esa esquina se detiene mucha gente que va para la estación. Ya sea para fumar mientras conversa o para comer algo. S y J entraron a la estación y los tipo también. E y yo tomábamos un tipo diferente de transporte al de J y S, por eso no fuimos con ellos. Para nuestro nuevo destino, debíamos caminar 7 cuadras esta vez. Platiqué con E no más de un minuto cuando él se fijó que los tipos estaban saliendo de la estación en dirección a nosotros, ya no había más dudas, querían robarnos. Aún así, no me exalté, aparenté ser escéptico aún a pesar de que ya sabía qué iba a suceder si no estábamos atentos. Me mantenía calmado porque estábamos en una calle con muchos locales comerciales, cerca a un centro comercial y, por lo mismo, muy transitada. Le dije a E que cruzáramos la calle y que, si los tipos también lo hacían, entraríamos en una tienda y desde allí llamaríamos a alguien.
Lo hicimos justo cuando la luz cambiaba de verde a rojo para los peatones. Los sujetos llegaron a estar realmente cerca, pero no nos alcanzaron. El problema ahora es que la calle era de dos sentidos, ambos con dos carriles: era muy ancha así que nos quedamos a mitad de camino en una intersección para peatones. Creímos que ya no podrían alcanzarnos, por eso dejamos de mirarlos. Pasarón no más de 10 segundos tras descuidarnos que sentí que un brazo me rodeó el cuello apoyándose en mi hombre. Reaccioné muy rápido, me safé y sin preocuparme por E, le dije a una señora frente a nosotros que nos estaban robando. Ella se escandalizó y corrió aún con los autos; yo la seguí. No me atropellaron, claramente. Iba a gritar que estaban robando a E a todos los que me rodeaban pero casi al instante viene E y me cuenta que lo dejaron ir porque no tenía nada (sólo la tarjeta del transporte) y porque yo me había escapado. Fuimos a una tienda. Ahí llamamos a un profesor, porque la escuela no estaba lejos y los profesores se quedaban hasta casi el anochecer. Le conté lo que pasó y vino junto con otro profesor a recogernos. Ahí acabó todo. Sólo al final, cuando escapé y crucé la calle con autos, es que sentí realmente miedo.
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2018.03.17 15:41 master_x_2k Gestación 1

Con permiso de Hidet, el traductor original, voy a subir los primeros capitulos

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________________________Gestación 1________________________

Breve nota del autor: Esta historia no está pensada para lectores jóvenes o sensibles.
La clase terminaba en cinco minutos y lo único que podía pensar era, una hora es demasiado tiempo para comer.
Desde el principio del semestre, había estado esperando con ganas a la parte de la clase de Mr. Gladly de Asuntos Globales en la que empezaríamos a hablar de capas. Ahora que al fin había llegado, no podía centrarme. Me removí, mi bolígrafo moviéndose de mano a mano, golpeando la mesa o dibujando una figura en la esquina de la pagina donde se uniría a otros garabatos. Mis ojos estaban también inquietos, volando del reloj encima de la puerta a Mr. Gladly y de vuelta al reloj. No estaba captando bastante de su lección como para enterarme de nada. Doce menos veinte, cinco minutos hasta que terminase la clase.
Él estaba animado, claramente interesado en el tema del que estaba hablando, y por una vez, la clase estaba escuchando. Era el tipo de profesor que intenta ser amigo de sus alumnos, el tipo que se hace llamar Mr. G. en vez de Mr. Gladly. Le gustaba acabar la clase antes de lo habitual y hablar con los chicos populares, mandaba muchos trabajos en grupo para que otros pudieran estar con sus amigos en clase, y nos hacia hacer trabajos “divertidos” como juicios de pega.
Me parecía uno de los chicos populares que se había convertido en un profesor. Probablemente pensaba que era el favorito de todos. Me preguntaba como reaccionaria si oyera mi opinión al respecto. ¿Rompería la imagen que tenia de si mismo o lo pasaría por alto como una anomalía de la chica triste que nunca hablaba en clase?
Eché un vistazo por encima de mi hombro. Madison Clements se sentaba dos filas a mi izquierda y dos asientos más atrás. Me vio mirando y sonrió, estrechando sus ojos, y baje la mirada al cuaderno. Intenté ignorar el feo y amargo sentimiento formándose en mi estomago. Miré al reloj. Once cuarenta y tres.
“Vamos a dejarlo aquí” dijo Mr. Gladly. “Lo siento chicos, pero hay deberes para el fin de semana. Pensad en los capas y como han impactado el mundo a vuestro alrededor. Haced una lista si queréis, pero no es obligatorio. El lunes nos separaremos en grupos de cuatro y veremos que grupo tiene la mejor lista. Le compraré al grupo ganador golosinas de la maquina expendedora” Hubo algunos aplausos, seguidos por la clase disolviéndose en un caos ruidoso. La sala estaba llena de sonidos de archivadores cerrándose, libros de texto y cuadernos siendo cerrados de golpe, sillas arañando baldosas baratas y el sordo rugido de conversación emergente. Un grupo de los miembros más sociales de la clase se reunieron alrededor de Mr. Gladly para hablar.
¿Yo? Yo solo guardé mis libros y me mantuve callada. No había escrito casi nada de apuntes. Había grupos de garabatos extendiéndose por la pagina y números en los margenes donde había contado los minutos hasta la comida como si llevase la cuenta del temporizador de una bomba.
Madison estaba hablando con sus amigas. Era popular, pero no guapa como las chicas populares estereotípicas de la televisión . En vez de eso ella era “adorable”. Exageraba esa imagen con extensiones azul cielo en su pelo marrón a la altura del hombro y una actitud mona. Madison llevaba un top sin tirantes y una falda vaquera, lo que me parecía una absoluta estupidez dado que aun era lo bastante pronto en la primavera como para que pudiésemos ver nuestro aliento por las mañanas.
No estaba exactamente en una posición para criticarla. Le gustaba a los chicos y tenia amigos, mientras que lo mismo no se podía decir de mi. La única característica femenina que tenia a mi favor era mi pelo oscuro rizado, que me había dejado largo. La ropa que llevaba no enseñaba piel, y no me llenaba de colores brillantes como un pájaro presumiendo de su plumaje.
Ella les gustaba a los chicos, creo, porque era atractiva sin ser intimidante.
Si supieran.
La campana sonó con un cadencioso ding-dong, y fui la primera en salir. No corrí, pero me moví a un ritmo decente mientras me dirigía por las escaleras al tercer piso e iba al baño de chicas.
Había media docena de chicas ya allí, lo que significaba que tenía que esperar a que quedara libre un cubículo. Vigile nerviosa la puerta del baño, notando que mi corazón se encogía cada vez que alguien entraba.
Tan pronto como hubo un cubículo libre entré y eché el pestillo. Me apoyé contra el muro y exhalé lentamente. No era exactamente un suspiro de alivio. Alivio implica que te sientes mejor. No me sentiría mejor hasta que llegase a casa. No, solo me sentía menos inquieta.
Pasaron quizás cinco minutos hasta que paró el ruido de otras chicas en el baño. Un vistazo por debajo de los tabiques me demostró que no había nadie más en los otros cubículos. Me senté en la tapa del retrete y cogí mi bolsa de comida para empezar a comer.
La comida en el retrete era rutinaria entonces. Cada día de instituto terminaba mi bolsa de comida y después hacia ejercicios o leía un libro hasta que la hora de comer había terminado. El único libro en mi bolsa que aun no había leído se llamaba “Triunvirato”, una biografía de los tres miembros principales del Protectorado. Estaba pensando en dedicar tanto tiempo como pudiera en el trabajo de Mr. Gladly antes de leer, porque no me estaba gustando el libro. Las biografías no eran lo mio, y especialmente no eran lo mio cuando sospechaba que era todo inventado.
Cual fuese mi plan, no tuve oportunidad de terminar mi wrap de pita. La puerta del baño se abrió de golpe. Me quedé congelada. No quería mover la bolsa y darle una pista a nadie sobre qué estaba haciendo, así que me quedé quieta y escuché.
No podía distinguir las voces. El ruido de la conversación fue ahogado por risas y el sonido de agua de los grifos. Alguien llamó a la puerta, sobresaltándome. Lo ignoré, pero la persona al otro lado volvió a llamar.
“Ocupado”, dije vacilante
“Oh dios mio, ¡es Taylor!” exclamó una de las chicas de fuera excitada, y después, respondiendo a algo que otra chica susurro, apenas la oí responder “¡Si, hacedlo!”
Me levanté de un salto, dejando caer al suelo de baldosas la bolsa con el ultimo bocado de mi comida. Lanzándome hacía la puerta, quité el cerrojo y empujé. La puerta no se movió. Hubo ruidos en los cubículos a ambos lados del mio, y luego un sonido encima de mi. Mire hacia arriba para ver que era, solo para ser rociada en la cara. Mis ojos empezaron a arder, y quede momentáneamente cegada por un fluido que enturbiaba mis gafas y hacía que me escocieran los ojos. Pude notar su sabor mientras caía en mi nariz y mi boca. Zumo de arándanos.
No pararon ahí. Conseguí quitarme las gafas justo a tiempo de ver a Madison y a Sophia inclinarse sobre la parte superior del cubículo, cada una con botellas de platico listas. Me agaché con las manos escudando mi cabeza justo antes de que vaciaran los contenidos sobre mi.
Resbaló por detrás de mi cuello, empapó mi ropa y mi pelo. Empujé la puerta otra vez, pero la chica al otro lado estaba sujeta contra ella con su cuerpo.
Si las chicas derramando zumo y refresco encima de mi eran Madison y Sophia, eso significaba que la chica al otro lado de la puerta era Emma, líder del trío. Notando una explosión de ira al darme cuenta, cargué contra la puerta, todo el peso de mi cuerpo golpeándose contra ella. No sirvió para nada, y mis zapatos perdieron tracción en el suelo lleno de zumo. Caí de rodillas en el charco de zumo.
Botellas de plástico vacías con etiquetas de zumos de uvas y de arándanos cayeron al suelo a mi alrededor. Una botella de refresco de naranja rebotó en mi hombro para caer en el charco antes de rodar bajo el tabique. El olor de bebidas afrutadas y refrescos era enfermizamente dulce.
La puerta se abrió de golpe y lancé una mirada penetrante a las tres chicas. Madison, Sophia y Emma. Mientras que Madison era mona, una flor tardía, Sophia y Emma eran el tipo de chicas que encajaban en la imagen de “reina del baile”. Sophia tenia la piel oscura, con un tipo delgado y atlético que había desarrollado como corredora en el equipo del instituto. La pelirroja Emma, por otro lado, tenia todas las curvas que querían los chicos. Era lo bastante guapa como para conseguir trabajos ocasionales como modelo amateur para los catálogos que sacaban las tiendas y centros comerciales locales. Las tres estaban riéndose como si fuera la cosa más graciosa del mundo, pero los sonidos de su diversión apenas se registraron en mi cabeza. Mi atención estaba en el ligero rugido de la sangre bombeando en mis orejas y un urgente, amenazador “sonido” que no se volvería menos ruidoso o menos persistente si me tapaba los oídos. Podía notar gotas corriendo por mis brazos y mi espalda, aun fríos de las maquinas expendedoras refrigeradas.
No confiaba en decir nada que no les diera más munición para meterse conmigo, así que me quede callada.
Cuidadosamente, me puse de pie y les di la espalda para coger mi mochila de encima del retrete. Verla me hizo pararme. Había sido verde caqui, antes, pero ahora manchas morado oscuro la cubrían, la mayoría de los contenidos de una botella de zumo de uva. Echándomela sobre los hombros me di la vuelta. Las chicas ya no estaban allí. Oí la puerta del baño cerrarse de golpe, cortando los sonidos de su diversión, dejándome sola en el baño, empapada.
Me acerqué al lavabo y me mire en el arañado y sucio espejo que estaba anclado encima. Había heredado una boca amplia, expresiva y de labios finos de mi madre, pero mis ojos grandes y mi figura desgarbada hacían que me pareciera mucho más a mi padre. Mi oscuro pelo estaba lo bastante empapado como para pegarse a mi cabeza, cuello y hombros. Llevaba una sudadera marrón sobre mi camiseta verde, pero manchurrones marrones, rojos y naranjas recorrían ambas. Mis gafas estaban perladas con con las gotas multicolor de zumo y refresco. Una gota corrió por mi nariz y cayó de la punta para aterrizar en el lavabo.
Usando un trozo de papel del dispensador, limpié mis gafas y me las puse otra vez.
Las manchas que quedaron hicieron que fuera igual de difícil o más ver de lo que había sido.
Respira hondo, Taylor, me dije a mi misma
Me quité las gafas para limpiarlas de nuevo con un papel mojado, y descubrí que las manchas seguían ahí.
Un inarticulado grito de furia y frustración escapó de mis labios, y le di una patada al cubo de plástico que había debajo del lavabo, lanzando el cepillo para retretes que había dentro volando contra la pared. Como eso no fue suficiente, me descolgué la mochila y usé las dos manos para lanzarla. Ya no usaba mi taquilla: Ciertos individuos la habían vandalizado o abierto en cuatro ocasiones diferentes. Mi mochila pesaba, cargada con todo lo que había anticipado que necesitaría para las clases de hoy. Crujió audiblemente con el impacto.
“¡¿Que coño?!” Le grité a nadie en particular, mi voz haciendo eco en el baño. Había lagrimas en los bordes de mis ojos.
“¡¿Que coño se supone que tengo que hacer?!” Quería pegarle a algo, romper algo. Para tomar represalias contra la injusticia del mundo. Casi golpeé el espejo, pero me contuve. Era algo tan pequeño que parecía que me haría sentir aun más insignificante en vez de desahogar mi frustración.
Llevaba soportando esto desde el primer día de instituto, hace año y medio. El baño había sido lo más parecido que podía encontrar a a un refugio. Había sido solitario e indigno, pero era un lugar al que podía huir, un lugar donde estaba fuera de su alcance. Ahora no tenia ni siquiera eso.
Ni siquiera sabia que se suponía que tenia que hacer para las clases de la tarde. Hoy había que entregar nuestro proyecto de arte, y no podía ir a clase así. Sophia estaría allí, y podía imaginar su presumida sonrisa de satisfacción cuando apareciera con pinta de haber intentado teñir toda mi ropa.
Además, acaba de lanzar mi mochila contra el muro y dudo que mi proyecto aun estuviera entero.
El zumbido al borde de mi conciencia estaba poniéndose peor. Mis manos temblaron mientras me doblaba y agarraba al borde del lavabo, respiraba larga y profundamente y dejaba que mis defensas cayeran. Durante tres meses, me había contenido. ¿Ahora mismo? Ya no me importaba. Cerré los ojos y note el zumbido cristalizar en información concreta. Tan numerosos como las estrellas en el cielo nocturno, minúsculos nudos de intrincados datos llenaron el área a mi alrededor. Podía centrarme en cada uno por turnos, cogiendo detalles. Los grupos de datos habían estado vagando hacia mi por reflejo desde que me salpicaron por primera vez en la cara. Respondieron a mi subconsciente, mis pensamientos y emociones, tan reflejo de mi frustración, mi ira, mi odio por esas tres chicas como lo eran mi corazón golpeando en mi pecho o mis manos temblando. Podía hacerles parar u ordenarles que se movieran casi sin pensar en ello, igual que podía levantar un brazo o mover un dedo.
Abrí los ojos. Podía notar la adrenalina vibrando por mi cuerpo, la sangre corriendo por mis venas. Tuve un escalofrío por las bebidas heladas que el trío había vaciado sobre mi, y por anticipación y un poco de miedo. En cada superficie del baño había bichos; Moscas, hormigas, arañas, cienpies, milpies, tijeretas, escarabajos, avispas y abejas. Cada segundo que pasaba más fluían al interior de la habitación a través de la ventana abierta y las varias entradas al baño, moviéndose con sorprendente velocidad. Algunos se arrastraron dentro a través de un hueco donde el desagüe del lavabo entraba al muro mientras que otros emergieron del agujero triangular del techo donde una sección de la espuma aislante se había roto, o de la ventana abierta con pintura desgastada y colillas de cigarrillos aplastadas entre clase y clase. Se reunieron a mi alrededor y se extendieron por cada superficie disponible; primitivos grupos de señales y respuestas, esperando a más ordenes.
Mis sesiones de practica, realizadas lejos de ojos curiosos, me habían dicho que podía indicar a un solo insecto que moviera una antena, o ordenar a la horda reunida que se moviera en formación. Con un pensamiento, podía separar un grupo particular, una madurez o una especie de este revoltijo y mandarles lo que quisiera. Un ejercito de soldados bajo mi completo control.
Seria tan fácil, tan fácil, ir a por Carrie en el instituto. Darles al trío su justo merecido y hacerles arrepentirse de lo que me habían hecho pasar: los horribles e-mails, la basura que habían vaciado sobre mi escritorio, la flauta –la flauta de mi madre– que habían robado de mi taquilla. No solo eran ellas- Otras chicas y un puñado de chicos se habían unido, “accidentalmente” saltándome cuando pasaban los ejercicios, añadiendo sus voces a los insultos y al torrente de horribles e-mails, para conseguir el favor y la atención de tres de las chicas más guapas y más populares de nuestro curso.
Era muy consciente de que me pillarían y me arrestarían si atacaba a mis compañeros. Había tres equipos de superheroes y un numero de héroes solitarios en la ciudad. No me importaba. ¿Imaginar a mi padre viendo las secuelas en las noticias, su decepción conmigo, su vergüenza? Eso era más desalentador, pero aun así no compensaba la ira y la frustración
Excepto que yo era mejor que eso.
Con un suspiro, envié una orden al enjambre reunido. Dispersaos. La palabra no era tan importante como la idea detrás de ella. Empezaron a salir de la habitación, desapareciendo en las grietas en las baldosas y a través de la ventana. Andé hasta la puerta y me apoye en ella con la espalda para que nadie pudiera tropezar con la escena antes de que todos los bichos se hubieran ido.
Por mucho que quisiera, no podía seguir adelante. Aun temblando de humillación, conseguí convencerme de coger mi mochila y dirigirme pasillo abajo. Salí del instituto, ignorando las miradas fijas y las risitas de todos con los que me cruzaba, y cogí el primer autobús que se dirigía en la dirección general de mi casa. El frio de los comienzos de la primavera agravaba la molestia de mi pelo y ropas empapados, haciéndome temblar.
Iba a ser una superheroina. Ese era el objetivo que usaba para calmarme en momentos como este. Es lo que usaba para hacer salir de la cama los días de instituto. Era un loco sueño que hacia las cosas tolerables. Era algo que desear, algo por lo que trabajar. Hacia posible no seguir obsesionándome con el hecho de que Emma Barnes, líder del trío, había sido una vez mi mejor amiga.

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Si tienen instalado el RES pueden usar el 1 para ir al capitulo anterior, el 2 para abrir el indice y el 3 para abrir el siguiente capitulo.

Si hay algún voluntario para QA (edición, corrección) o traducción envieme un PM o dejen un comentario.

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